Isabel Gil. El mito del artista 22/03/2019 20:00h

February 24, 2019

 

 

 

¿Están todos los artistas locos?

 

El mito del artista bohemio, taciturno, loco, bebedor es uno de los más firmemente arraigados en nuestra cultura occidental. Aún hoy en día, en mis clases como profesora de arte, compruebo como este mito, se va pasando de generación en generación y hasta los niños más pequeños lo asumen: unos con ansias de convertirse en genios, otros con la distancia prudente de quien quiere estar cerca de la atracción de feria. Es cierto que esta creencia no es tan universal como pudiera parecer. No todas las culturas han idolatrado y versado tanto sobre la figura del creador-artista. Mito sustentado en muchas ocasiones por las vidas reales de muchos de nuestros artistas de las vanguardias históricas y que –todo hay que decirlo– son siempre hombres. Hoy no dudamos en maravillarnos antes las xilografías japonesas, exhibiéndolas en los más prestigiosos museos occidentales, asumiendo el anonimato de quienes crearon buena parte de esas maravillosas estampas.

Mi trabajo no es analizar ni tratar de averiguar en el ámbito teórico estas cuestiones, mi trabajo es mucho más simple: trabajo creando obras, dibujos, cosas… por lo tanto no entraré en más detalle acerca del origen de este mito, ni me remitiré a otros estudios, películas, documentales… los hay, y muchos: Lo acepto como el hecho que es, en mi cultura, y lo adapto a mi medio de expresión plástica.

 

Balzac ¿el relato como fuente de inspiración?

 

Desde mis tiempos de estudiante en la Facultad de Bellas Artes de Valencia todo mi trabajo ha girado en torno a una idea central y obsesiva: la plasmación de dos tiempos en un mismo espacio. Empecé trabajando esta idea con la fotografía, mediante  dobles exposiciones en los negativos, y luego haciendo juegos malabares con un arcaico PhotoShop. Al mismo tiempo empecé a hacer dibujos de sombras chinescas mediante técnicas de grabado y definitivamente adopté el dibujo a carboncillo y lápiz como el mejor medio para contar lo que quería. Podríamos decir, que a nivel técnico soy una especie de rara avis que ha involucionado hasta el origen más básico de todo arte: el carboncillo.

En un principio no tuve ningún texto como fuente de inspiración, hay muchas lecturas sugerentes, pero no suelo tenerlas en cuenta a la hora de ponerme a trabajar. Sin embargo, haciendo análisis de las obsesiones propias, encuentro una lectura de hace muchos años y que describe mi proceso con el dibujo: La obra maestra desconocida, de Balzac. No sé si se trata de un texto inspirador, o más bien revelador (como los líquidos de fotografía que sacan a la luz la imagen ya hecha), sea como fuere, mi proyecto se apoya, dialoga y juega con esta cortísima novela.

 

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO

 

El trabajo del artista, ¿locura o ritmo?

 

Los artistas plásticos, incluso muchos de los que trabajan con nuevas tecnologías realizan una labor física importante. En comparación con muchas otras profesiones, la de los artistas implica un constante movimiento y en muchos sentidos: levantarse a tomar distancia y ver cómo va lo que se está haciendo (en dibujo, pintura, escultura…), moverse preparando la herramienta de trabajo (montando un lienzo, moviendo una pieza, cableando equipos…) y hay otro movimiento, también físico pero más intelectual: ver exposiciones, hacer viajes, leer, documentarse… quizá esto no sea una cosa muy llamativa para aquellos que nos dedicamos a temas culturales, pero sí lo es para esa inmensa cantidad de trabajadores que se pasan el día sentados frente a un ordenador, o cuyos movimientos están fuertemente ligados a su profesión con unos recorridos siempre muy parecidos (una enfermera en los pasillos del hospital, un reponedor en un supermercado…)

No se trata en sí del movimiento como cosa particular, sino que de ese movimiento con sus paradas, el artista genera una nueva cosa: su creación, su obra.

 

En mis dibujos, se van superponiendo capas y capas de líneas a carboncillo y manchas de color, todo parece un poco caótico, salvo cuando los miras detenidamente y vas viendo ese ritmo, que queda plasmado en un mismo espacio de tela. Diferentes tiempos en un mismo espacio. Otra forma de expresar lo que Balzac hizo en su novela. Cada cuadro es el artista en su estudio, los fondos, una aproximación a su pintura.

 

Isabel Gil

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